El hecho de ir a ponerse la ropa de siempre, y notar que no sube la cremallera con la misma facilidad, y que la camisa o el pantalón ya no cierran como antes, puede ser una desagradable señal de que se han cogido unos kilos de más. Pero no es un ligero aumento de peso del que queremos hablaros hoy, sino de aquellas casos en los que uno está por encima del peso recomendado para su salud, teniendo en cuenta su edad, altura y complexión.
Cuando la báscula arroja cifras elevadas, también tiene consecuencias en la vida sexual. En el hombre aumenta la probabilidad de padecer disfunción eréctil y cáncer de próstata, ya que el exceso de grasa influye hormonalmente, favoreciendo el crecimiento de tumores en dicha glándula. En la mujer excederse en el peso supone metabolizar las hormonas más rápidamente, con lo que puede disminuir la eficacia de la píldora anticonceptiva; y en las niñas adelantar la llegada de la menstruación.
Las personas con gran obesidad suelen mostrar dificultades en otros aspectos de su sexualidad. Hay quienes no se sienten cómodos con su cuerpo, denotan una baja autoestima, y se inhiben en las relaciones íntimas, llegando a veces a no poder llevarlas a cabo si no es con la luz apagada, con algunas prendas de vestir puestas y con inquietud. Todo esto a la larga, puede hacer que el deseo sexual disminuya considerablemente, añadido a las dificultades para encontrar una postura adecuada con la que sentir placer sin agobiarse o cansarse físicamente, sobre todo si ambos miembros de la pareja tienen sobrepeso. El sentirse indeseable o el miedo al rechazo puede hacer que muchos renieguen y desprecien el volumen de su cuerpo, y empiecen a asociar el sobrepeso con la asexualidad, como si sentir placer fuera algo prohibido para ellos.
Lo que cada persona piense sobre la obesidad, o cómo la afronte, no es algo que surge de un día para otro, sino que es el resultado de la educación y la exposición a los medios de comunicación con los que crecemos. Es en las primeras etapas de la vida donde ejercen más o menos influencia, y van configurando el papel que jugará la imagen corporal en las relaciones sexuales futuras. Así, los niños obesos manifiestan más dificultades de interrelación con sus iguales, las niñas con sobrepeso en la adolescencia padecen trastornos de la alimentación (anorexia, bulimia) con más frecuencia, y expresan más inseguridad a la hora de vincularse con chicos, siendo más sensibles a los patrones de belleza impuestos por la sociedad, los cuales rechazan a las personas que no están delgadas. Estos miedos pueden mantenerse hasta la edad adulta.
Si bien es verdad, como comentábamos al inicio, que más Kilos de los saludables pueden repercutir tanto en la salud física como en la sexual, no es cierto que pesar más de lo conveniente vaya irremediablemente unido al final del placer sexual, puesto que la satisfacción sexual no sólo depende del estado físico o de la estética, sino que intervienen otras variables psicológicas (estado de ánimo, creencias culturales), y quizá en mayor grado si cabe.