Los institutos españoles están al rojo. Los adolescentes practican sexo cada vez antes, más veces, con más gente. Se ha convertido en parte de su ocio. Creen que lo saben todo. No estamos en una despedida de soltero sino en un instituto de un barrio trabajador del sur de Madrid. Una docena de varones de tercero y cuarto de Educación Secundaria Obligatoria hablan sobre sus inicios sexuales. Tienen entre 14 y 16 años. Pablo, el pico de oro, cumplió 15 en Navidad. Es uno de los cuatro que levantan la mano cuando se les pregunta quiénes han mantenido relaciones sexuales con penetración. Los iniciados gozan del respeto de sus pares. Sólo ellos logran aplacar el guirigay de exabruptos, obscenidades y machadas de gallito en celo con que se recibe cada palabra de la reportera.
-¿Dónde y cómo veis el porno? ¿No os controlan vuestros padres?
-¿Y qué? En Internet, el móvil, la tele, en el MP4. Las guarradas rulan por todas partes.
“Oiga, ¿y no nos pregunta cuántas pajas nos hacemos al día?”, se impacienta un crío con voz de pito y cara cuajada de espinillas.
- Ya que lo dices, contesta tú mismo.
- Una es lo mínimo, pero mejor tres, como cepillarte los dientes.
Y se parten de risa. Así hasta que uno se disculpa por él y por todos sus compañeros: “Es que venimos calentando desde primaria y tenemos las pelotas a punto de reventar”.
La Encuesta de Hábitos Sexuales del Ministerio de Sanidad de 2003, la última a escala nacional, daba pistas sobre ese calentamiento global en los institutos. Si se preguntaba a los españoles de menos de 30 años sobre la edad de su primer coito, se obtenía una previsible media de 17,5 años en los varones y de 18,2 en las mujeres. Pero los menores de 19 confesaban costumbres más precoces e igualitarias. Ellos se estrenaban a los 16,4, y ellas, a los 16,6. Con un pie en secundaria y otro en bachillerato o el mercado laboral.
Desde 2003 ha pasado un lustro. Cinco años es una eternidad y más en la edad del pavo. Parece que la contabilidad oficial se ha quedado vieja. Un estudio realizado por el Centro Madrid Salud Joven y la Universidad de Granada presentado el pasado abril bajaba aún más el listón. Seiscientos alumnos de institutos de Madrid confesaron en un cuestionario confidencial. Las chicas, hoy, se inician por término medio a los 16,3. Los chicos, a los 15,8. Pablo es un hombre de su tiempo. Las medias son falaces por definición pero sirven para acotar el territorio. Para saber de quién estamos hablando. Un promedio de 16 años raspados no quiere decir que todos tengan su primer coito a esa edad. Significa nada más, o nada menos, que hay tantos que lo tienen a los 18 como a los 14.
El ojo clínico de quienes ven el panorama confirma los resultados del estudio madrileño. Pediatras, profesores, psicólogos y sexólogos especializados en proporcionar información sexual y afectiva a los adolescentes avalan una percepción generalizada entre los profesionales que tratan con menores. Los padres pueden ignorarlo. Negarlo. No querer enterarse. Pensar que sus hijos no son de ésos. Pero sus niños (y niñas) lo hacen. Cada vez más. Cada vez antes. Cada vez con más gente. Hay mucho sexo en la ESO.
“Llegan del cole con 12 y 13 años a un instituto con alumnos de hasta 18. Las chicas están más desarrolladas y espabiladas, ellos aún le dan al balón, pero son como lagartijas: se mueven mucho y no muerden. Es a partir de segundo cuando empezamos a tener en cada clase un tercio de lanzados/as que van a por todas, otro de interesados/as y a la expectativa, y otro de niños más infantiles en ese aspecto”, ilustra Juan, director de un instituto del norte de Madrid. Pero volvamos al sur.
-Si un tío se tira a varias tías, es un crack, pero si tú tienes varios rollos, te llaman puta. Son unos machistas aunque es verdad que algunas van sólo a pillar cacho, como ellos.
-Encima, a nosotras nos duele y nos podemos quedar embarazadas. Nuestra única ventaja es que decidimos si hay rollo o no, porque ellos siempre están empalmados.
Cambio de género. He aquí 12 chicas de 14 a 16 años reunidas en otra clase del instituto de Pablo. El mismo tema a debate. Semejantes risas tontas, similar nivel de procacidad, desmadre por el estilo. Sólo una de las 12 “lo ha hecho del todo”. Fue el pasado día de los Enamorados, a los 15 años, con el chico de 16 con el que lleva nueve meses saliendo. “Me dolió un poco. La segunda vez estuvo mejor”. Otras seis tienen “novio fijo”, pero no han pasado a mayores. Están “esperando a estar preparadas”. “Nos besamos y nos tocamos hasta el final, pero él me respeta hasta que yo quiera hacerlo”, dice una morena guapa de 16 novia de un chico de 18.
“Eso es como hacer petting, pero con tu chico”, explica una pelirroja con ojos ahumados y dos centímetros de raíces azabache.
-¿Qué es eso del petting?
-Besarte y sobarte sin dejarte hacer más. Ve un sábado por la tarde a la discoteca Fabrik de Fuenlabrada y mira los sillones.
Los chicos han sido más gráficos. Petting? “Restregarse todo, pero con ropa”. “Calentarte a tope pa luego na”. “Todo menos meterla”, zanja Pablo el enterado.
El pasado 11 de febrero, la emisión del segundo capítulo de la teleserie Física y Química en Antena 3 provocó un pequeño terremoto social. La entrega, titulada Sólo es sexo, recreaba una fiesta petting entre escolares del instituto de secundaria en el que transcurre la trama. La Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA) denunció que la serie da una visión “perniciosa y estereotipada” de profesores y alumnos y echa al traste sus “esfuerzos por difundir los riesgos de las drogas y las enfermedades de transmisión sexual”. Otro colectivo, COAPA, estimaba que la serie hace “un flaco favor a los padres que intentan educar a sus hijos en valores y virtudes que nada tienen que ver con eso”. Ambos colectivos pidieron la retirada de un espacio al que acusaban de mostrar “un mundo irreal”.
(Ver toda la galeria porno, video o noticia…)