Tiene 18 años, piernas largas, cabello oscuro y lacio, y ojos embriagadores. Alguien en el boliche la descubre. Absorto por su belleza, decide abordarla y seducirla. Acto seguido, le invita un trago, que ella acepta. En pocos segundos, comienza a sentirse excitada, de forma repentina y sin poder controlarlo. Su libido explota, sabe que apenas conoce al muchacho que tiene a su lado, pero accede a tener sexo. Su cuerpo lo pide, y no puede hacer otra cosa que satisfacer esa pulsión. Así funciona la Yumbina, llamada “la droga del sexo”, que está llegando a la noche de las discotecas argentinas, y su poder está comprobado por los criadores de caballos, que la utilizan para dopar a las yeguas que se resisten a copular con los machos.
Varias investigaciones realizadas revelan que la “yumbina” se puede conseguir con cierta facilidad, a través de internet o dealers que operan en los boliches, y cada dosis puede costar unos 65 pesos. Se presenta en forma de pastillas y también en gotas. En ambos casos, se mezcla con alcohol, generalmente bebidas oscuras (cerveza negra, por ejemplo).
“Los efectos son inmediatos, por eso la buscan tanto quienes desean emociones fuertes, y al mismo tiempo peligrosos, porque una sobredosis puede ser fatal”, explicó el criminalista Roberto Locles. La “yumbina” se presenta como la contracara de la “burundanga” o el “popper”, que actúan bloqueando la capacidad de defensa de la víctima, razón por la cual la relación sexual en realidad es una violación o abuso sexual. Con la “yumbina”, en cambio, probar el delito es muchísimo más difícil, dado que sus efectos provocan que sea la mujer quien accede a las relaciones carnales. En Argentina, esta sustancia es común entre las parejas swingers, y es consumida por mujeres que ingresan a estos circuitos de sexo grupal para desinhibirse y alcanzar la excitación.
La “yumbina” viene haciendo ruido en México desde hace varios años, incluso allí se filmó una película llamada justamente “Yumbina, la droga del sexo”, y la propia Cruz Roja azteca la incluye entre las sustancias más peligrosas para las jóvenes que concurren a discotecas. “Es una situación común, incluso los mismos meseros lo hacen. Hemos tenido jovencitas que aparentemente están borrachas pero sus amigas dicen que es la primera (bebida) que se tomaban”, dijo al diario El Debate el médico José Luis Salas Arenas, de la institución mexicana.
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