Tras dedicar en marzo cinco días de su vida a limpiar los aseos de un depósito de basura de Nueva York por impositivo legal, Naomi Campbell ya no es la que era. Al menos en lo que se refiere a peticiones extravagantes y excéntricas como sucedió en su último viaje a Madrid.
Cuando regresaba de madrugada al hotel Santo Mauro donde se alojaba, pidió una hamburguesa. Pero no servía la del establecimiento. Tenía que ser del Burger King o McDonald y a esa hora era prácticamente imposible cumplir sus deseos. Cuando por fin, y tras muchas peripecias, lo consiguieron, ya no la quería.
Este tipo de originalidades, más las peticiones por contrato -agua mineral especial, fruta tropical, toallas de color determinado, CD’s, limusina…- traía de cabeza a las firmas que la querían contratar. Aparte de su altísimo caché, que no hay duda de que lo vale. Por su última aparición publicitaria en el programa televisivo Bailando con le Stelle, equivalente italiano a nuestro Mira quién baila ha cobrado 80.000 euros.
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